Ricardo Rosselló: Liderazgo, innovación y la búsqueda de la igualdad democrática
En esta edición especial de nuestro ciclo de diálogos con líderes hemisféricos, el Observatorio Geopolítico de América Latina (OGAL) presenta una conversación con el Dr. Ricardo Rosselló, exgobernador de Puerto Rico y científico, actor relevante en los debates contemporáneos sobre gobernanza, democracia y representación política en el Caribe.
Ricardo Rosselló representa una convergencia poco común entre el rigor científico y la experiencia en la gestión pública. Egresado del MIT y con un doctorado en ingeniería biomédica, incorporó a la administración pública una visión orientada a la innovación tecnológica, la eficiencia institucional y la transparencia. Durante su mandato, enfrentó desafíos estructurales significativos que marcaron el debate sobre la modernización de la infraestructura y la sostenibilidad de las finanzas públicas.
Más allá de su gestión administrativa, su trayectoria pública está vinculada al debate sobre la autodeterminación de Puerto Rico. En su rol actual como Delegado Congresional, participa activamente en las discusiones sobre el estatus político de la isla y los mecanismos de representación democrática en el marco institucional de los Estados Unidos.
En esta conversación, el Dr. Rosselló comparte su análisis sobre los retos geopolíticos de América Latina, el futuro de la gobernanza basada en datos y los desafíos institucionales que enfrenta la región en un contexto de alta polarización política.
¿Cómo observa el triunfo en América Latina de líderes identificados con la libertad, la justicia, la igualdad ante la ley, la libertad de expresión y el compromiso de respetar los derechos humanos?
Lo observo como una señal de madurez democrática. Cuando los pueblos de América Latina respaldan liderazgos identificados con la libertad, la justicia, la igualdad ante la ley, la libertad de expresión y el respeto a los derechos humanos, no están votando por consignas; están expresando un cansancio profundo frente a la arbitrariedad, la corrupción y el abuso de poder. Están diciendo, con claridad, que desean vivir bajo reglas que protejan a todos y no bajo voluntades que favorezcan a unos pocos.
Aquí es donde entra lo que planteo en mi libro The Reformer’s Dilemma. El triunfo electoral es apenas el inicio del camino. Reformar implica inevitablemente entrar en crisis, porque todo cambio real activa fuerzas que se benefician del status quo. Pero no reformar también es una forma de crisis, solo que más lenta y más corrosiva. Ese es el dilema del reformista: si impulsa el cambio, enfrenta una resistencia feroz; si no lo hace, perpetúa un sistema que ya fracasó. Por eso, más allá de los nombres propios, me interesa observar si estos liderazgos están dispuestos a fortalecer instituciones, respetar contrapesos y someterse a reglas que los limiten incluso a ellos mismos.
La verdadera victoria de la libertad se mide con instituciones que sobreviven a quien gobierna.
¿Cómo lograr que la educación de calidad sea priorizada en la agenda de los gobiernos latinoamericanos?
La educación es el sistema operativo de una nación. Un país puede tener recursos, geografía y talento, pero sin educación de calidad lo que tiene es un futuro hipotecado. Hoy entramos en una era de hiperconvergencia en la que la tecnología, la inteligencia artificial, la neurociencia y las ciencias cognitivas avanzan a pasos agigantados. Por primera vez, entendemos cómo llegar a cada estudiante de manera diferenciada, cómo identificar rezagos tempranos y cómo personalizar el aprendizaje a escala.
Esto permite que la educación deje de ser un privilegio de pocos y se convierta en un derecho efectivo para todos. Ya no hablamos de una aspiración moral: hoy la educación de calidad para todos es sistémica y tecnológicamente viable.
Un ejemplo concreto es Alpha Schools. Sus resultados muestran cómo el uso inteligente de inteligencia artificial permite que los estudiantes dominen contenidos fundamentales en menos tiempo, con aprendizaje personalizado y mayor profundidad, liberando espacio para el pensamiento crítico, la creatividad y el desarrollo humano. Aunque se trata de una institución privada, la señal es clara: las compuertas ya se abrieron. Como ocurrió con otras tecnologías transformadoras, los costos tienden a reducirse conforme se escala su adopción.
El principal obstáculo es político. El liderazgo que no abraza este cambio suele hacerlo por miedo, por intereses asociados al status quo o por falta de comprensión de las dinámicas globales. Las reformas educativas generan resistencia porque afectan estructuras de poder profundamente arraigadas. Lo viví en Puerto Rico, cuando impulsamos mecanismos como los vouchers, las escuelas charter y los baby bonds, iniciativas que forman parte de debates abiertos y controvertidos en distintos sistemas educativos. Logramos avanzar, aunque a un alto costo político.
¿Cómo debería la ciudadanía contener la amenaza del populismo?
En The Reformer’s Dilemma explico que el populismo emerge cuando la ciudadanía percibe que el sistema no escucha, no resuelve y no rinde cuentas. En ese vacío prosperan narrativas simples para problemas complejos. La raíz del fenómeno es la polarización extrema.
Se nos ha llevado a creer que solo existen dos opciones: extrema izquierda o extrema derecha. Sin embargo, esta división es en gran medida una ilusión funcional. Un extremo necesita del otro para sobrevivir; se retroalimentan y justifican sus excesos. Por eso utilizo el modelo del arco de herradura: aunque los extremos aparentan estar distantes, terminan coincidiendo en prácticas similares, como la intolerancia al disenso, la simplificación de la realidad y la tentación autoritaria.
Los datos de opinión pública muestran que más del 80 % de la sociedad no se identifica con los extremos, aunque estos dominan la mayor parte de la narrativa pública. Frente a ello, propongo el concepto de centro radical: no como un punto tibio, sino como un espacio firme en principios democráticos, derechos humanos, libertad individual y responsabilidad institucional. Contener el populismo requiere una ciudadanía adulta, que no idolatre líderes y que priorice la evidencia por encima de la estridencia.
¿Cuáles son las causas de la creciente inmigración y qué políticas sostenibles deberían desarrollarse para revertir esa tendencia?
La migración masiva en América Latina es el síntoma visible de fallas estructurales profundas: colapso del Estado de derecho, ausencia de movilidad social, inseguridad persistente y crisis climáticas. Nadie abandona su país por gusto; lo hace cuando quedarse deja de ser una opción razonable.
Desde una perspectiva de foresight, revertir esta tendencia exige pensar en portafolios de políticas. En el corto plazo, protección humanitaria y vías regulares de migración. En el mediano plazo, desarrollo económico y empleo formal. En el largo plazo, fortalecimiento institucional, lucha contra la corrupción y adaptación climática.
¿Qué opina de la guerra contra el narcotráfico impulsada por el gobierno de los Estados Unidos?
La llamada guerra contra el narcotráfico ha tenido una falla estructural: ha medido el éxito en decomisos y arrestos, no en el debilitamiento real de las redes criminales ni en la reducción del daño humano. El crimen organizado se ha sofisticado y ha logrado capturar instituciones enteras, como se observa en el caso de Venezuela.
Combatir este fenómeno requiere inteligencia financiera, cooperación judicial internacional, lucha efectiva contra la corrupción y políticas de salud pública que reduzcan la demanda.
Si en nombre de combatir al narcotráfico debilitamos las instituciones, terminamos fortaleciendo al crimen organizado.
¿Qué expectativas tiene sobre la recuperación de la libertad en Venezuela?
He estado vinculado, de manera pública y activa, a los esfuerzos para que Venezuela recupere su democracia. Es un país con talento y recursos extraordinarios, sometido a un régimen que ha capturado el Estado y destruido sus instituciones. Siempre he sostenido que es necesario rechazar tanto la violencia como la dictadura y apostar por una transición democrática, constitucional y pacífica.
Sin caer en triunfalismos, percibo señales de que se abre una ventana de oportunidad. La presión interna, el mandato popular y una mayor claridad internacional configuran un momento determinante. El próximo periodo será clave para avanzar hacia una transición real y para que un gobierno electo pueda asumir efectivamente las riendas del país.
