OSLO Y EL RENACIMIENTO DEMOCRÁTICO DE VENEZUELA

“María Corina Machado propulsa el renacimiento de la democracia”

Entrevista de OGAL con Asdrúbal Aguiar.

El experto constitucionalista Asdrúbal Aguiar analiza el reciente evento realizado en la ciudad de Oslo, con motivo de la entrega del Premio Nobel de La Paz a María Corina Machado. El exministro y exgobernador de Caracas advierte que, “María Corina como arquetipo, para evitar equívocos, preciso que es ella el referente vivo y activo alrededor de cuya trayectoria, en sus luchas por la libertad de Venezuela y en un instante en el que se han vuelto líquidas las bases de nuestra modernidad cultural, podremos rescatar y levantar la piedra angular del respeto a la dignidad de la persona. Se trata, por ende, de despejar e iluminar el camino por transitar en tiempos de incertidumbre y de vida nómade por deslocalizada”.

El Dr. Asdrúbal Aguiar, actual Director Ejecutivo de IDEA, es abogado, doctor en Derecho y catedrático con una profunda huella en la historia política de Venezuela. Exgobernador de Caracas y exministro de ministerios estratégicos como Secretaría y Relaciones Interiores, ha dedicado su carrera a la preservación del Estado de Derecho.

Tras asistir a la histórica ceremonia en Oslo en diciembre de 2025, donde se reconoció la lucha de María Corina Machado con el Nobel de la Paz, el Dr. Aguiar nos ofrece un análisis profundo sobre lo que él denomina el ‘renacimiento democrático de Venezuela’. Su perspectiva no solo aborda el protocolo noruego, sino el impacto geopolítico de este galardón en la transición venezolana.

Es criterio del entrevistado que uno de los aspectos mas relevantes del mensaje del presidente del Comité Noruego antes de hacerle entrega del Premio a Maria Corina, fue cuando aseguró que “nos reunimos para defender a la propia democracia, el fundamento mismo sobre el que descansa una paz duradera. Cuando la gente se niega a renunciar a la democracia, también se niega a renunciar a la paz. Quien entiende profundamente esta verdad es María Corina Machado”.

El equipo de prensa de OGAL ofrece esta entrevista con el Dr. Asdrúbal Aguiar:

¿Cuál es la significación geopolítica de este premio Nobel?

A propósito de la entrega del Premio Nobel de la Paz a María Corina Machado. No se trata de un hito suficiente para cambiarlo todo. Tendrán una honda significación para la lucha que libra Occidente frente a las corrientes que han animado, durante tres décadas, la deconstrucción y el descreimiento democrático, a fin de perturbar las bases fundacionales de nuestra civilización.

¿Qué ejemplo irradia Maria Corina Machado al mundo?

La ejemplaridad de Machado es, salvo para quienes reducen la política a oficio de agiotistas o son cultores del botín del estatismo, un símbolo mundial para el renacimiento de la democracia. Tres décadas (1989-2019) y algo más, repito, se han gastado para acuñar el supuesto desencanto con la democracia, tras el «quiebre epocal» inaugurado con dicha elipse. Las virtudes de ese modelo de vida perfectible para el aseguramiento de la paz y la libertad, como derechos naturales totalizantes y como tríada junto a la misma democracia, se vieron postergadas.

¿Maria Corina es un símbolo o un referente?

-Al referirme a María Corina como arquetipo, para evitar equívocos, preciso que es ella el referente vivo y activo alrededor de cuya trayectoria, en sus luchas por la libertad de Venezuela y en un instante en el que se han vuelto líquidas las bases de nuestra modernidad cultural, podremos rescatar y levantar la piedra angular del respeto a la dignidad de la persona. Se trata, por ende, de despejar e iluminar el camino por transitar en tiempos de incertidumbre y de vida nómade por deslocalizada.

¿Qué impacto tienen esas banderas que enarbola Maria Corina para los bloques políticos del comunismo?

-No por azar, los viudos del comunismo cubano, unidos a Rusia y China ahora se empeñan en sostener que la paz y su binomio democrático es algo tan íntimo que, cada uno y cada cual ha de tener derecho a usarlos y hasta vaciarlos de finalidad moral en cada acto de elección e incluso para que a través del voto, democráticamente, se avance hacia el camino de las balas. Tanto es así que son estos los que aún promueven que el hombre – como varón o mujer – puede desnudarse de lo que es y hasta enterrar sus esencias connaturales por propia decisión, incluso para cosificarse a sí y volverse pieza de recambio sobre las redes de la ciudadanía global y digital.   

Asdrubal Aguiar sale al paso a quienes “de buenas a primera y de mala fe, hubiese decidido enajenar y separarnos de todo sistema de ideas, de creencias, de valores y de principios, como guías necesarias para el comportamiento individual y social, en el marco de nuestros propios proyectos de vida. Se ha auspiciado el sueño de la razón, que sólo procrea monstruos”.

¿Cómo evalúa la situación de los partidos políticos en esta hora?

-Los partidos políticos, bajo tal deriva y desde finales del siglo XX se han pulverizado, en Occidente. En Venezuela son franquicias, ajenas a la vida de la gente y a la cotidianidad de las personas. De modo que, el renacimiento democrático propulsado por Machado y que tiene como hitos a los años 2023 y 2024, reconocido por Oslo, parte de su empeño sin tregua para la revalorización humana del votante; invitándole a discernir libremente y en conciencia para que se exprese, haciéndose directo responsable y defensor de ese derecho suyo y polivalente – pensar, tener conciencia, reunirse para contrastar ideas, manifestar públicamente y decidir sin condiciones ni bajo presión sobre la comunidad o el país al que aspira. Es lo que pondera y convence, repito, al Comité Nobel que le confiere a María Corina el Premio Nobel de la Paz. Allí reside esa clave elemental, olvidada, postergada, e indispensable para la forja de una democracia verdadera, para que sea fundamento de la paz.

¿Qué temas del discurso del presidente del Comité Noruego, le han provocado más impacto?

-Sin duda cuando dijo que “Nos reunimos hoy, por lo tanto, para defender algo mucho más importante que cualquiera de los dos lados de una división política o ideológica. Nos reunimos para defender a la propia democracia, el fundamento mismo sobre el que descansa una paz duradera. Cuando la gente se niega a renunciar a la democracia, también se niega a renunciar a la paz. Quien entiende profundamente esta verdad es María Corina Machado”,

El Dr. Aguiar valora el contundente e histórico mensaje pronunciado por Jørgen Watne Frydnes, presidente del Comité del Nobel arguye, cuando aseguró que “la paz y la democracia no pueden separarse sin que ambas pierdan sus significados. La paz duradera requiere un Estado de derecho, la participación política y el respeto por la dignidad humana”, dice. En otras palabras, afirma que sin democracia, como escena para debatir nuestras discrepancias, no cabe una distinción significativa entre derecha e izquierda, “no existe una forma legítima de discrepar, ni una auténtica vida política”; de donde “la democracia no es un lujo prescindible. No es un adorno que se coloca en una estantería.  La democracia es trabajo arduo.  Es acción y negociación.  Es una obligación viva”, dado que sus instrumentos “son los instrumentos de la paz”, finaliza.

¿Hay un cambio de ruta en la visión de los observadores noruegos?

-Oslo, incluso para mí, después de haber sostenido a contravía del pensamiento dominante el derecho humano a la democracia en la misma hora del desencanto – lo hice en 2006 ante la Academia Nacional de Derecho y Ciencias Sociales de Buenos Aires – viene a ser para lo sucesivo un faro vertebrador. Emerge desde la ejemplaridad de Machado. Nuestro entrevistado no duda en calificar de “lúcido y exegético criterio de Frydnes, joven politólogo formado en Noruega y Nueva York, que apenas frisa las cuatro décadas de vida, es consistente al respecto”. Agrega de seguidas el Dr Aguiar que “Los regímenes autoritarios aprenden unos de otros. Comparten tecnologías y sistemas de propaganda. Detrás de Maduro – lo observa Frydnes desde la capital noruega – están Cuba, Rusia, Irán, China y Hezbollah que proporcionan armas, sistemas de vigilancia y vías de supervivencia económica. Hacen que el régimen sea más robusto y más brutal”.

¿Escuchó algún tema que le recordara sus prédicas defendiendo la democracia en América?

-Celebré seguidamente, al escuchar el histórico manifiesto del presidente del Comité Nobel, no haber errado en las premisas de mi libro intitulado Calidad de la democracia y expansión de los derechos humanos (2018), a saber, que mientras crecían desde inicios del siglo XXI las elecciones en igual medida se reducían los espacios de la democracia en la región; tanto como se han debilitado las garantías de los derechos humanos en la misma medida en las que éstos se han visto cosificados por el populismo y afectados por una inflación que les ha restado toda efectividad. Lo relevante no son, ciertamente, mis constataciones, sino el alegato que como razón de fondo esgrime Frydnes.  

¿Qué otras menciones lo impactaron?

-Dos ideas fuerza prosiguen en el discurso del Nobel, una, que “la paz sin justicia no es paz”.  Otra, que “el diálogo sin verdad no es reconciliación”.  Hacen directa relación, como lo creo, con una cuestión muy aguda y de fuerte importancia para la transición que le espera, cuando menos, a Venezuela, a saber, la de construir su memoria, servir a la verdad y alcanzar una justicia reparadora; pero entendiéndose que la última es ajena a la idea de la venganza, la del ojo por ojo, diente por diente.

¿Cómo quedan los diálogos en esta coyuntura?

-En cuanto al diálogo, como propio en toda democracia y para la restitución de sus elementos esenciales y componentes fundamentales, Frydnes se refiere al «dilema del diálogo» y trae a colación lo que dadas sus coincidentes vivencias enseñan, sea María Corina como los premios nobeles Lech Walesa y Nelson Mandela.

El experto venezolano en derecho Constitucional al precisar que “en los sistemas autoritarios, el diálogo puede conducir a mejoras, pero también puede ser una trampa. El diálogo se utiliza a menudo para ganar tiempo, generar división y controlar la agenda”. En el curso de esta conversación el Dr Aguiar nos recuerda lo ocurrido, de forma contumaz, en Venezuela, “sea a raíz de los acuerdos mediados por el Centro Carter y la OEA en 2003, que tenían como garante al propio Nicolás Maduro bajo el gobierno de Hugo Chávez Frías, sea con los Acuerdos de Barbados de 2023 bajo su actual dictadura. A estos se sometió Machado sin participar de los mismos, dando ejemplo de tolerancia. Luego, ella misma, con la verticalidad característica de su comportamiento cívico, llegado el momento puso al desnudo su carácter falaz tras las elecciones primarias en las que gana la candidatura presidencial y cuando sucesivamente se le inhabilita, endosando la candidatura presidencial de Edmundo González Urrutia, ganador de las elecciones en 2024.”. El exministro venezolano nos recuerda que Maria Corina Machado “nunca ha rechazado el principio de hablar con la otra parte, pero sí ha rechazado los procesos vacíos”.

¿Cómo observa las barreras ideológicas en esta coyuntura?

-Entre 1989 hasta 2023, sensiblemente, la política y los partidos se reafirman, por imperio de las desideologizaciones en boga, como maquinarias de gestión y reparto de cuotas del poder. Atrás quedaba el partido como vehículo para servir a una causa y como mediador con la sociedad civil. Que tal reparto sea uno de los elementos configuradores de la democracia, nadie lo niega, siempre que se le entienda en su finalidad o teleología, o sea, como condición que evita la concentración del poder y a objeto de proteger a las personas y a sus derechos fundamentales de las desviaciones autoritarias; por lo que el reparto se corrompe, una vez como se le conjuga pro príncipe o en beneficio del actor político, dejándose atrás la lógica pro homine y para beneficio de la mayor libertad, que a eso se debería concretar el ideal de la justicia.”

¿Está cambiando la indiferencia internacional hacia Venezuela?

-Tras la gesta de María Corina, nuestra Premio Nobel de la Paz, en suma y enhorabuena queda un mea culpa, transcurridos 25 años de indiferencia internacional sobre la verdad de Venezuela, urgida de paz y de suyo de un renacimiento democrático. “A todos aquellos en Caracas y en otras ciudades de Venezuela que se ven obligados a susurrar el lenguaje de la libertad, que nos escuchen ahora. Que sepan que el mundo no les da la espalda. Que la libertad se acerca. Y que Venezuela volverá a ser un país pacífico y democrático. Que amanezca una nueva era”, fue el deseo expresado como epílogo por el Comité Nobel antes de hacerle entrega del diploma y la presea del Premio Nobel de la Paz a Ana Corina Sosa. Ella lo recibió en ausencia de su madre, esperando que, entre tanto, esta pudiese salir con éxito de su clandestinidad mientras la perseguía, en Venezuela, el mal absoluto y su absoluta banalidad